¡¡¡Hola amigos!!! ¿Cómo están? Esperamos que genial.Cómo nos alegramos de estar un martes más con todos vosotros :)
¿Comenzamos?...
Junto con el balbuceo de los pequeños existen infinidad de pequeños gestos que los bebés utilizan para indicar problemas, cosas que les sorprenden, etcétera. Una nueva investigación española ha comprobado que señalar es el primer gesto comunicativo de los humanos, además de poner de manifiesto la importancia de estudiar el lenguaje y el habla de manera conjunta a la hora de analizar el desarrollo comunicativo de los pequeños.
Durante la etapa del balbuceo los bebés todavía producen muchos gestos sin combinarlos con vocalizaciones. Sin embargo, desde el principio del período en que empiezan a producir las primeras palabras (cuatro palabras durante media hora de grabación), los bebés producen la mayor parte de gestos manuales en combinación con vocalizaciones, igual que los adultos.
Si se analizan las combinaciones de gestos con vocalización que los bebés producen se observa que la mayoría de los gestos que se combinan con vocalizaciones son gestos deícticos (de señalamiento y de alcanzar) con una intención comunicativa declarativa (para informar) más que imperativa.
Como explica una de las investigadoras firmantes de la investigación publicada en la revista Speech Communication, Núria Esteve Gibert, “ya en las primeras combinaciones de gesto con vocalización, el patrón de coordinación temporal de ambas modalidades (que consiste en sincronizar el intervalo de tiempo más prominente en el gesto deíctico con el intervalo de tiempo más prominente en la vocalización) es muy parecido al de los adultos”.
Para llevar a cabo su estudio las investigadoras grabaron en vídeo a cuatro bebés mientras jugaban con sus padres desde que tenían casi un año de edad hasta que cumplían los 19 meses. Gracias a estas grabaciones pudieron comprobar que durante la etapa de transición entre el período del balbuceo y las primeras palabras (es decir, antes que el bebé sea capaz de producir dos palabras juntas una detrás de la otra) es cuando el sistema gestual y del habla ya están estrechamente relacionados.
Tal y como apunta la misma investigadora a la agencia de noticias científicas SINC, “cada vez hay más investigaciones que muestran que el estudio del lenguaje y la comunicación humana no se puede llevar a cabo solo con un análisis del habla”.
Estos resultados son los primeros en mostrar cómo y cuándo los bebés adquieren el patrón de coordinación entre gesto y habla, lo que permitirá conocer mejor el proceso de aprendizaje y desarrollo del lenguaje.
Fuente: Ser Padres.
Esperamos que les haya servido de ayuda. Hasta la próxima semana!
¡¡¡¡¡Feliz Semana!!! Muchos besotes ;)
Somos un centro educativo situado en la ciudad de Santander destinado a niños entre 0 y 3 años.Hasta 8 años en períodos vacacionales. Nuestra misión es Desarrollar las habilidades de los niños y niñas y hábitos de convivencia.Donde no faltará la creatividad, la imaginación , la libertad de desarrollarse de forma natural y espontánea.
Guardería Colorín Colorado
martes, 25 de febrero de 2014
martes, 18 de febrero de 2014
Besos y caricias
¡¡Hola amigos!! ¿Cómo están? Esperamos que genial.Como estamos en el mes del amor y de la amistad.Hoy les traemos una curiosidad.Esperamos que les guste ;)
¿Tu hijo tiene ya un año y medio y aún no sabe dar besitos? ¿Te preocupa? Tranquilidad: aunque la edad media a la que los niños empiezan a dar besos es a los 18 meses, esta fecha es variable.
Cada niño es un mundo y su ritmo de desarrollo puede variar mucho de uno a otro. También la edad a la que están preparados para dar besos. Da igual que un niño empiece a dar sus primeros pasos antes o después. Lo importante es que algún día ande, y si todo va bien, lo va a hacer. A la hora de dar besos, ocurre lo mismo.
Puede que nos apetezca que nuestro bebé nos lance besitos, pero esto va a depender de su madurez neurológica: para dar besos debe ser capaz de fruncir los labios. También depende de su madurez emocional: besar es una forma de mostrar afecto. Y esto, por regla general, suele suceder pasado el año y medio de vida, sobre los 18 meses.
Sabe besar pero no le da la gana
También puede ocurrir. Los niños tiene su propia personalidad, los hay muy besucones y los que no lo son tanto. También hay niños a los que no les importa dar besos a desconocidos y otros se agarran a nuestras faldas ante la mera idea de acercarse a ellos. Podemos proponer a nuetro hijo que dé besos, pero no obligarle. Nunca. Es importante respetar su decisión de no besar, sobre a todo a las personas que no conoce.
La única forma de fomentar una determinada actitud es que nosotros la llevemos a la práctica: ¿Nos besamos? ¿Le besamos a él? ¿Cuándo vemos a alguien le damos besos? Nuestro hijo va tomando nota y, cuando está maduro, repite en buena medida nuestra forma de relacionarnos con los demás.
Los esperamos la próxima semana con más cositas.
¡¡Feliz Semana!!! Muchos besotes
¿Tu hijo tiene ya un año y medio y aún no sabe dar besitos? ¿Te preocupa? Tranquilidad: aunque la edad media a la que los niños empiezan a dar besos es a los 18 meses, esta fecha es variable.
Cada niño es un mundo y su ritmo de desarrollo puede variar mucho de uno a otro. También la edad a la que están preparados para dar besos. Da igual que un niño empiece a dar sus primeros pasos antes o después. Lo importante es que algún día ande, y si todo va bien, lo va a hacer. A la hora de dar besos, ocurre lo mismo.
Puede que nos apetezca que nuestro bebé nos lance besitos, pero esto va a depender de su madurez neurológica: para dar besos debe ser capaz de fruncir los labios. También depende de su madurez emocional: besar es una forma de mostrar afecto. Y esto, por regla general, suele suceder pasado el año y medio de vida, sobre los 18 meses.
Sabe besar pero no le da la gana
También puede ocurrir. Los niños tiene su propia personalidad, los hay muy besucones y los que no lo son tanto. También hay niños a los que no les importa dar besos a desconocidos y otros se agarran a nuestras faldas ante la mera idea de acercarse a ellos. Podemos proponer a nuetro hijo que dé besos, pero no obligarle. Nunca. Es importante respetar su decisión de no besar, sobre a todo a las personas que no conoce.
La única forma de fomentar una determinada actitud es que nosotros la llevemos a la práctica: ¿Nos besamos? ¿Le besamos a él? ¿Cuándo vemos a alguien le damos besos? Nuestro hijo va tomando nota y, cuando está maduro, repite en buena medida nuestra forma de relacionarnos con los demás.
Los esperamos la próxima semana con más cositas.
¡¡Feliz Semana!!! Muchos besotes
domingo, 9 de febrero de 2014
¿Pasa algo si el niño come arena o chupa la esponja del baño?....
¡¡Hola a todos!! ¿Cómo están? Esperamos que genial.Nosotros les traemos la nueva entrada que trata sobre un tema bastante interesante que le puede pasar a alguno de nuestros lectores.
¿Comenzamos?
Te das la vuelta y... ¡zas! el niño ha comido tierra de una maceta, le ha dado un trago al gel o está chupando su zapato. ¿Es peligroso? ¿Qué pasa si chupa la alfombra o come un trozo de periódico?
Aunque puedan poner a prueba nuestros nervios, la mayoría de los objetos que los niños se llevan a la boca no implican peligro ninguno. Esta son las cosas «chupables» que suelen tener a mano:
No hay peligro
Sí hay peligro
Hay que preocuparse cuando…
Hay algunos indicadores que pueden darnos a entender que nuestro hijo se ha comido algo que no debía. Por ejemplo, si presenta lo que los médicos llaman 'bajo nivel de conciencia' (está demasiado somnoliento, no responde a los estímulos) puede ser que haya ingerido medicinas. Del mismo modo, el dolor al tragar o el babeo pueden darnos a entender que tiene un objeto extraño alojado en la garganta.
Por: Ser padres
Esperamos que les haya servido de ayuda.Les deseamos una ¡¡Feliz Semana!! Hasta la próxima Colorines.
Besotes y abrazos de oso!!!!
¿Comenzamos?
Te das la vuelta y... ¡zas! el niño ha comido tierra de una maceta, le ha dado un trago al gel o está chupando su zapato. ¿Es peligroso? ¿Qué pasa si chupa la alfombra o come un trozo de periódico?
Aunque puedan poner a prueba nuestros nervios, la mayoría de los objetos que los niños se llevan a la boca no implican peligro ninguno. Esta son las cosas «chupables» que suelen tener a mano:
No hay peligro
- Un peluche, sus sábanas, el borde de una manta... No hay ningún problema si los chupa. La cantidad de detergente que pueden ingerir es mínima. Lo único, hay que vigilar que los peluches no tengan ningún elemento suelto que pueda tragarse.
- Arena, tierra de las macetas... La cantidad que pueden tragarse antes de que les pillemos es ínfima, o sea que no pasa nada. Otra cosa sería que la arena de la playa o del parque no estuviera limpia (puede haber colillas, trocitos de cristal, excrementos de animales que pueden producir enfermedades...), pero si el sitio es de confianza no hay problema. “El plato favorito de mi hijo es la tierra”, cuenta Sofía, “cuando veo que tiene en la boca le digo que haga una pedorreta para que la escupa. Es efectivo y además, se parte de risa”.
- El móvil, el mando de la tele... Les llama mucho la atención porque son objetos cotidianos y nos ven todo el día con ellos en la mano, lo que los hace doblemente apetecibles. No hay peligro para los niños salvo que se desprendan piezas pequeñas (sobre todo pilas o baterías) que se puedan tragar.
- La alfombra o la funda del sofá: El único problema es que pueda encontrar objetos pequeños entre las hebras de la alfombra o escondidos entre los cojines del sofá y los ingiera.
- Juguetes (también los del parque): Con limpiarlos de vez en cuando con un trapo húmedo y jabón es suficiente (lo mismo para la suela de sus zapatitos), pero es importante vigilar que no tengan piezas pequeñas que se puedan soltar. Cuando en casa hay niños de diferentes edades, hay que asegurarse de que las piezas pequeñas de los juguetes de los más mayores no queden al alcance de los menores de tres años.
- Gel, la esponja, pasta de dientes... No pasa nada si chupan o ingieren una pequeña cantidad. Con la esponja, hay que mirar que no tenga trozos que se puedan desprender y cambiarla de vez en cuando para que no acumule suciedad.
- Libros, revistas, periódicos... Nada escapa a la sed de cultura de nuestros niños. La cantidad de tinta que se desprende al chupar el papel es tan pequeña que no hay que preocuparse por la salud de los peques. Eso sí, si se tragan una bola de papel podrían atragantarse.
Sí hay peligro
- Productos de limpieza, bebidas alcohólicas... Todas estas cosas tienen que estar guardadas en armarios con cierre de seguridad o en estanterías altas donde los niños no lleguen.
- Frutos secos: Su consumo (al igual que el de caramelos duros redondos, uvas enteras, o aceitunas con hueso) está desaconsejado para los niños de menos de tres años por el riesgo de atragantamiento.
- Pilas de botón: Son muy tóxicas, así que si hemos visto o si tenemos la duda de que ha ingerido una, hay que acudir al hospital cuanto antes.
- Un alfiler, un imperdible, un palillo de dientes, unas pinzas de depilar... cualquier objeto afilado o con bordes y aristas puede provocar importantes heridas. Si el objeto se ve desde fuera, con mucha calma intentaremos sacárselo. Si no se ve, podemos animarle a que tosa para expulsarlo. Pero si el objeto no sale, lo mejor es ir a urgencias.
Hay que preocuparse cuando…
Hay algunos indicadores que pueden darnos a entender que nuestro hijo se ha comido algo que no debía. Por ejemplo, si presenta lo que los médicos llaman 'bajo nivel de conciencia' (está demasiado somnoliento, no responde a los estímulos) puede ser que haya ingerido medicinas. Del mismo modo, el dolor al tragar o el babeo pueden darnos a entender que tiene un objeto extraño alojado en la garganta.
Por: Ser padres
Esperamos que les haya servido de ayuda.Les deseamos una ¡¡Feliz Semana!! Hasta la próxima Colorines.
Besotes y abrazos de oso!!!!
lunes, 3 de febrero de 2014
¿Debemos preocuparnos por la gripe ?
¡¡¡Hola amigos!! ¿Cómo están? ¿Qué tal va la semana? Esperamos que genial.
Hoy, traemos un tema de interés,que se está escuchando en todos los medios de comunicación,la temida: Gripe.
Como cada invierno, llega la época de gripe y ya se han escuchado casos graves de personas ingresadas debido a las complicaciones de la enfermedad. Sin embargo, no existe una alarma específica para la población infantil y las autoridades sanitarias transmiten un mensaje de calma.
La gripe vuelve a ser noticia en nuestro país y este año ya se han producido algunos fallecidos. No obstante, las autoridades sanitarias han indicado que las cepas en circulación del virus de la gripe A son las habituales. En el caso de los niños, no hay ninguna alarma especial ni se prevé que este año vaya a ser peor que otros, por lo que los médicos recomiendan a los padres tranquilidad, y limitarse a seguir las medidas de prevención habituales.
¿Debo vacunar a mi hijo?
Solo es necesario vacunar a los niños con factores de riesgo, es decir, que sufran cualquier patología crónica: problemas de corazón, enfermedades respiratorias como asma, parálisis cerebral, enfermedades crónicas de tipo renal o hepático, etc.
Aunque la campaña de vacunación de la gripe suele ser en otoño, este año se ha ampliado y si, tu hijo se encuentra dentro del grupo de riesgo, aún puedes
encontrar vacunas en los centros de salud.
¿Qué hago si mi hijo tiene gripe?
En el caso de los niños es complicado diferenciar un catarro normal de una gripe, ya que los síntomas son muy parecidos, pero si el niño tiene fiebre es mejor llevarlo al médico para que lo evalúe. Recuerda que no debes medicarlo por tu cuenta, ni mucho menos darle antibióticos.
La gripe es una enfermedad producida por un virus y por eso no tiene un tratamiento específico, aunque le puedes dar antitérmicos para bajar la fiebre y aliviar las molestias, hacerle beber líquidos con mucha frecuencia y tratar de que el niño guarde mucho reposo.
Recuerda que la gripe es muy contagiosa, así que es mejor esperar a que esté curado del todo para llevarle de nuevo al colegio: así evitaras trasmitir la enfermedad a otros niños. Una vez que ya no tenga fiebre y veamos que vuelve a jugar con normalidad podemos estar tranquilos y retomar la actividad habitual.
Hoy, traemos un tema de interés,que se está escuchando en todos los medios de comunicación,la temida: Gripe.
Como cada invierno, llega la época de gripe y ya se han escuchado casos graves de personas ingresadas debido a las complicaciones de la enfermedad. Sin embargo, no existe una alarma específica para la población infantil y las autoridades sanitarias transmiten un mensaje de calma.
La gripe vuelve a ser noticia en nuestro país y este año ya se han producido algunos fallecidos. No obstante, las autoridades sanitarias han indicado que las cepas en circulación del virus de la gripe A son las habituales. En el caso de los niños, no hay ninguna alarma especial ni se prevé que este año vaya a ser peor que otros, por lo que los médicos recomiendan a los padres tranquilidad, y limitarse a seguir las medidas de prevención habituales.
¿Debo vacunar a mi hijo?
Solo es necesario vacunar a los niños con factores de riesgo, es decir, que sufran cualquier patología crónica: problemas de corazón, enfermedades respiratorias como asma, parálisis cerebral, enfermedades crónicas de tipo renal o hepático, etc.
Aunque la campaña de vacunación de la gripe suele ser en otoño, este año se ha ampliado y si, tu hijo se encuentra dentro del grupo de riesgo, aún puedes
encontrar vacunas en los centros de salud.
¿Qué hago si mi hijo tiene gripe?
En el caso de los niños es complicado diferenciar un catarro normal de una gripe, ya que los síntomas son muy parecidos, pero si el niño tiene fiebre es mejor llevarlo al médico para que lo evalúe. Recuerda que no debes medicarlo por tu cuenta, ni mucho menos darle antibióticos.
La gripe es una enfermedad producida por un virus y por eso no tiene un tratamiento específico, aunque le puedes dar antitérmicos para bajar la fiebre y aliviar las molestias, hacerle beber líquidos con mucha frecuencia y tratar de que el niño guarde mucho reposo.
Recuerda que la gripe es muy contagiosa, así que es mejor esperar a que esté curado del todo para llevarle de nuevo al colegio: así evitaras trasmitir la enfermedad a otros niños. Una vez que ya no tenga fiebre y veamos que vuelve a jugar con normalidad podemos estar tranquilos y retomar la actividad habitual.
Esperamos que les haya servido de ayuda.Nos vemos la próxima semana con más cositas.Les mandamos abrazotes y les deseamos una ¡¡¡Feliz Semana!!!
domingo, 26 de enero de 2014
¿Cómo enseñar a tu hijo a tener paciencia?
¡¡Hola amigos!! ¿Cómo estan? Hoy les traemos nueva entrada en nuestro blog, esperamos que les sirva de un poco de ayuda.
Empezamos...
Cuando son pequeños, nuestros hijos no tienen noción del tiempo y desconocen todo lo que no sea "aquí y ahora". La paciencia se aprende, y nosotros debemos enseñarles, en primer lugar, con el ejemplo.
Tic, tac, tic, tac, tic... ¡¡Mamáaaaaa!! Apenas han pasado dos minutos desde que le dimos a nuestro retoño la consigna “espera un momentito, amor”, pero sea lo que sea lo que pretendamos hacer en ese tiempo (conducir, caminar hasta algún sitio, hacer cola en el teatro o terminar de preparar una tortilla para la cena), parece que la impaciencia de nuestro hijo se impone en cualquier situación y acabamos perdiendo los nervios todos (el peque y nosotros). ¿Cuándo aprenderá a esperar, aunque sea un poquito?
La impaciencia de los pequeños se debe a la suma de varias condiciones que tienen mucho que ver con su corta edad. Por un lado, el hecho de que todavía no tengan desarrollada la noción del tiempo es determinante, ya que les resulta muy difícil distinguir entre hoy y mañana, ahora y luego, o simplemente calibrar lo que son cinco minutos. Para ellos, la experiencia del tiempo es como un presente continuo, por lo que todo aquello que no está pasando “aquí y ahora” es como si no fuera a pasar nunca o se ubicase en un momento demasiado indeterminado como para poder quedarse tan pancho esperando. Así que cuando uno le dice a su pequeño “dentro de un ratito nos toca a nosotros” lo que nuestro hijo entiende es “ahora mismo no nos toca y vaya usted a saber cuándo será”.
¿El resultado? Por lo general, respuestas no demasiado adecuadas como pataletas, llantos o exigencias que acaban con la paciencia, sí, pero esta vez la de los papás. ¿Y qué se hace? Lo cierto es que no podemos pedir “milagros”, porque los primeros que tenemos que hacer uso de la capacidad de espera somos, precisamente, los adultos: comprender que los niños van aprendiendo a su ritmo y que es normal que sean impacientes. Eso y tener cuidado con nuestras propias prisas, porque ¿quién no se ha impacientado esperando a que el peque se termine ese yogur con el que lleva dos horas o quién no ha dicho el consabido “venga, que tenemos prisa” para sacar a nuestro chiquitín del ensimismamiento ante un escaparate de juguetes? Lo primero, pues, es aplicarse el cuento y demostrarle a nuestro hijo, con nuestra actitud, que esperar es parte de la vida.
Entretenerse hace más fácil la espera
Esperar es más difícil si uno no tiene nada que hacer mientras tanto. Pues bien, ayudar a nuestros pequeños a entretenerse en aquellos momentos en los que no queda más remedio que dejar pasar los minutos o las horas conseguirá que la percepción del tiempo transcurrido sea menor.
Aprender a medir el tiempo
Vale que todavía no tienen interiorizada la noción del tiempo, pero podemos ayudarles a entenderlo mejor con objetos externos. Un reloj de arena o de cocina o canciones pueden servirnos de medidor a la hora de fijar un momento determinado (un comienzo o un final de algo). Por ejemplo, “cuando suene el reloj de cocina sales del baño, lo he puesto en cinco minutos”.
Adoptar rutinas
A veces nuestros hijos se manejan mal con las esperas porque no tienen muy claro el orden de los acontecimientos en su día a día. Así, si conseguimos establecer unas rutinas predecibles, les será más sencillo manejarse con los tiempos que requieren las cosas.
En una conversación
Aprender a esperar el momento adecuado para intervenir en una conversación es cuestión de paciencia, pero también de manejo de algunas habilidades sociales. Por ejemplo, hay que aprender a detectar cuándo ha terminado una frase nuestro interlocutor (para no intervenir antes de tiempo), hay que pensar antes lo que vamos a decir y saber cómo hacer las indicaciones adecuadas para “pedir la vez”. En este sentido, es fundamental que establezcamos un código con nuestros hijos (verbal o no verbal, como levantar la mano o hacer un gesto) para que nos demos por enterados de su deseo de intervenir. Es nuestra labor señalar a continuación cuándo es el momento más adecuado para hacerlo, asegurándonos de que ha escuchado lo que hemos hablado (a veces, el deseo de contar algo “cierra” sus orejitas y no se enteran bien de lo que decimos).
En el médico
Si a la idea de un niño impaciente le sumamos la idea de un niño malito y unos papis que no han pegado ojo atendiendo vómitos, fiebres, mocos y llantos tenemos por delante uno de esos momentos “críticos” de la paternidad. Y es que en estas ocasiones, en las que al agobio de ver a nuestro peque malito se suma la prudencia de evitar que se relacione demasiado con los otros “enfermitos” (por evitar contagiar y contagiarse), solo podemos tirar de recursos propios para hacer más llevadera la espera. Si le preguntáramos a un padre o madre experimentados en infecciones infantiles y visitas al médico, lo primero que nos diría es que, antes de salir de casa, hay que preparar el “kit básico de espera médica”. A saber: móvil cargado con batería suficiente como para hablar con los hermanos o la abuelita, un par de libros de cuentos, una botellita de agua y, por supuesto, “muchas ganas de pasear” por los pasillos hasta que, por fin, nos toque a nosotros.
En la cola del supermercado
Hacer la compra con papi o mami puede ser muy divertido: ir en la silla del carro de la compra como si fuera en una carroza, ayudar a coger las cosas de los estantes y aprender los nombres de frutas y verduras. Pero cuando llega el momento de pagar, toda la alegría del trayecto se puede convertir en una pesadilla. Tenemos varios carros por delante y de repente el pequeño se hace pis, tiene hambre, sueño y un mal humor que no había hecho acto de presencia hasta ese momento. En estos casos la anticipación es la mejor tabla de salvación. Si sabemos que ir al supermercado con el peque puede acabar con la paz del día, es imprescindible salir de casa armados hasta los dientes con las mejores distracciones. Así, antes de que nuestro hijo entre en “modo desesperación”, hagamos un último esfuerzo y saquemos del bolso ese álbum de pegatinas o los muñecos o el reproductor de canciones con los cascos, que astutamente hemos guardado antes de salir de casa. Así estará entretenido y tu podrás guardar la compra y pagar tranquilamente.
Hasta aquí por hoy, esperamos que les haya servido.
¡¡Feliz Semana!! Muchos besotes, hasta la próxima semana.
Empezamos...
Cuando son pequeños, nuestros hijos no tienen noción del tiempo y desconocen todo lo que no sea "aquí y ahora". La paciencia se aprende, y nosotros debemos enseñarles, en primer lugar, con el ejemplo.
Tic, tac, tic, tac, tic... ¡¡Mamáaaaaa!! Apenas han pasado dos minutos desde que le dimos a nuestro retoño la consigna “espera un momentito, amor”, pero sea lo que sea lo que pretendamos hacer en ese tiempo (conducir, caminar hasta algún sitio, hacer cola en el teatro o terminar de preparar una tortilla para la cena), parece que la impaciencia de nuestro hijo se impone en cualquier situación y acabamos perdiendo los nervios todos (el peque y nosotros). ¿Cuándo aprenderá a esperar, aunque sea un poquito?
La impaciencia de los pequeños se debe a la suma de varias condiciones que tienen mucho que ver con su corta edad. Por un lado, el hecho de que todavía no tengan desarrollada la noción del tiempo es determinante, ya que les resulta muy difícil distinguir entre hoy y mañana, ahora y luego, o simplemente calibrar lo que son cinco minutos. Para ellos, la experiencia del tiempo es como un presente continuo, por lo que todo aquello que no está pasando “aquí y ahora” es como si no fuera a pasar nunca o se ubicase en un momento demasiado indeterminado como para poder quedarse tan pancho esperando. Así que cuando uno le dice a su pequeño “dentro de un ratito nos toca a nosotros” lo que nuestro hijo entiende es “ahora mismo no nos toca y vaya usted a saber cuándo será”.
¿El resultado? Por lo general, respuestas no demasiado adecuadas como pataletas, llantos o exigencias que acaban con la paciencia, sí, pero esta vez la de los papás. ¿Y qué se hace? Lo cierto es que no podemos pedir “milagros”, porque los primeros que tenemos que hacer uso de la capacidad de espera somos, precisamente, los adultos: comprender que los niños van aprendiendo a su ritmo y que es normal que sean impacientes. Eso y tener cuidado con nuestras propias prisas, porque ¿quién no se ha impacientado esperando a que el peque se termine ese yogur con el que lleva dos horas o quién no ha dicho el consabido “venga, que tenemos prisa” para sacar a nuestro chiquitín del ensimismamiento ante un escaparate de juguetes? Lo primero, pues, es aplicarse el cuento y demostrarle a nuestro hijo, con nuestra actitud, que esperar es parte de la vida.
Entretenerse hace más fácil la espera
Esperar es más difícil si uno no tiene nada que hacer mientras tanto. Pues bien, ayudar a nuestros pequeños a entretenerse en aquellos momentos en los que no queda más remedio que dejar pasar los minutos o las horas conseguirá que la percepción del tiempo transcurrido sea menor.
Aprender a medir el tiempo
Vale que todavía no tienen interiorizada la noción del tiempo, pero podemos ayudarles a entenderlo mejor con objetos externos. Un reloj de arena o de cocina o canciones pueden servirnos de medidor a la hora de fijar un momento determinado (un comienzo o un final de algo). Por ejemplo, “cuando suene el reloj de cocina sales del baño, lo he puesto en cinco minutos”.
Adoptar rutinas
A veces nuestros hijos se manejan mal con las esperas porque no tienen muy claro el orden de los acontecimientos en su día a día. Así, si conseguimos establecer unas rutinas predecibles, les será más sencillo manejarse con los tiempos que requieren las cosas.
En una conversación
Aprender a esperar el momento adecuado para intervenir en una conversación es cuestión de paciencia, pero también de manejo de algunas habilidades sociales. Por ejemplo, hay que aprender a detectar cuándo ha terminado una frase nuestro interlocutor (para no intervenir antes de tiempo), hay que pensar antes lo que vamos a decir y saber cómo hacer las indicaciones adecuadas para “pedir la vez”. En este sentido, es fundamental que establezcamos un código con nuestros hijos (verbal o no verbal, como levantar la mano o hacer un gesto) para que nos demos por enterados de su deseo de intervenir. Es nuestra labor señalar a continuación cuándo es el momento más adecuado para hacerlo, asegurándonos de que ha escuchado lo que hemos hablado (a veces, el deseo de contar algo “cierra” sus orejitas y no se enteran bien de lo que decimos).
En el médico
Si a la idea de un niño impaciente le sumamos la idea de un niño malito y unos papis que no han pegado ojo atendiendo vómitos, fiebres, mocos y llantos tenemos por delante uno de esos momentos “críticos” de la paternidad. Y es que en estas ocasiones, en las que al agobio de ver a nuestro peque malito se suma la prudencia de evitar que se relacione demasiado con los otros “enfermitos” (por evitar contagiar y contagiarse), solo podemos tirar de recursos propios para hacer más llevadera la espera. Si le preguntáramos a un padre o madre experimentados en infecciones infantiles y visitas al médico, lo primero que nos diría es que, antes de salir de casa, hay que preparar el “kit básico de espera médica”. A saber: móvil cargado con batería suficiente como para hablar con los hermanos o la abuelita, un par de libros de cuentos, una botellita de agua y, por supuesto, “muchas ganas de pasear” por los pasillos hasta que, por fin, nos toque a nosotros.
En la cola del supermercado
Hacer la compra con papi o mami puede ser muy divertido: ir en la silla del carro de la compra como si fuera en una carroza, ayudar a coger las cosas de los estantes y aprender los nombres de frutas y verduras. Pero cuando llega el momento de pagar, toda la alegría del trayecto se puede convertir en una pesadilla. Tenemos varios carros por delante y de repente el pequeño se hace pis, tiene hambre, sueño y un mal humor que no había hecho acto de presencia hasta ese momento. En estos casos la anticipación es la mejor tabla de salvación. Si sabemos que ir al supermercado con el peque puede acabar con la paz del día, es imprescindible salir de casa armados hasta los dientes con las mejores distracciones. Así, antes de que nuestro hijo entre en “modo desesperación”, hagamos un último esfuerzo y saquemos del bolso ese álbum de pegatinas o los muñecos o el reproductor de canciones con los cascos, que astutamente hemos guardado antes de salir de casa. Así estará entretenido y tu podrás guardar la compra y pagar tranquilamente.
Hasta aquí por hoy, esperamos que les haya servido.
¡¡Feliz Semana!! Muchos besotes, hasta la próxima semana.
domingo, 19 de enero de 2014
Decimos Adiós a la cuna...
¡¡¡Hola amigos!!! ¿Cómo están? ¿Qué tal el comienzo de semana? Esperamos que genial genial.Nosotros les traemos nueva entrada, con un tema que les interesa a muchos padres, esperamos poder ayudarlos un poquitito..
¿Empezamos?
Adiós a la cuna...
Pasar de la cuna a la cama es una etapa clave para cualquier niño. Este importante paso depende de la madurez y el tamaño del pequeño. Aunque no hay una edad concreta para hacer el cambio, los dos años son una época muy buena para que tu hijo estrene su nueva cama.
En la cama el niño tiene libertad para levantarse y desplazarse por la casa, mientras que en la cuna sus movimientos son más limitados. Antes de dar este paso debemos asegurarnos de que nuestro hijo tenga unos buenos hábitos de sueño. Siempre que la cuna sea segura para el peso y el tamaño del pequeño, no tienes ninguna prisa. Lo ideal es esperar a que lo demande el niño, lo que suele ocurrir a partir de los dos años.
Claves para un buen cambio
Si el niño empieza a escalar y saltar fuera de la cuna, te está haciendo saber que ha llegado el momento del cambio.
Al principio es interesante limitar la zona de su cama mediante unas barreras de seguridad o un sistema acústico que te avise si sale de su habitación. Los primeros días visítalo con frecuencia para que no se sienta encerrado.
La cama debe ser segura y amplia, no muy alta y sin esquinas salientes. Colócala lejos de ventanas y enchufes.
Cuando decidas que tu hijo tiene que ir a la cama, hazlo de un día para otro y transmítele tu alegría porque ya es mayor y, por tanto, merecedor de dormir en una cama. Ese día puedes organizar «la fiesta de la cama», en la que todos celebraremos el cambio y lo comentaremos con familiares y amigos.
Le vendrá bien participar en el desmontaje de su antigua cuna y el montaje de su nueva cama.
Si el niño es muy inquieto, antes de pasarle definitivamente a la cama puedes colocar su colchón en el suelo sobre un aislante. Así evitarás el riesgo de caídas y la necesidad de colocar barreras protectoras.
Lo fundamental para que un niño duerma bien es que se sienta seguro, tanto física como psicológicamente, y esa seguridad, en gran medida, se la transmiten sus padres.
Evita celos y resentimiento
No es buena idea hacer el cambio porque nazca un hermanito o para que este herede su cuna. Esta decisión podría generarle resentimiento y celos. Es mejor trasladarle antes de que nazca el bebé o esperar, si la cuna sigue siendo segura, hasta que él mismo quiera dormir en una cama, igual que los mayores
Esperamos que les haya servido de ayuda.Nos vemos la próxima semana con más cosas..
Muchos besotes, y..¡¡Feliz Semana!!
¿Empezamos?
Adiós a la cuna...
Pasar de la cuna a la cama es una etapa clave para cualquier niño. Este importante paso depende de la madurez y el tamaño del pequeño. Aunque no hay una edad concreta para hacer el cambio, los dos años son una época muy buena para que tu hijo estrene su nueva cama.
En la cama el niño tiene libertad para levantarse y desplazarse por la casa, mientras que en la cuna sus movimientos son más limitados. Antes de dar este paso debemos asegurarnos de que nuestro hijo tenga unos buenos hábitos de sueño. Siempre que la cuna sea segura para el peso y el tamaño del pequeño, no tienes ninguna prisa. Lo ideal es esperar a que lo demande el niño, lo que suele ocurrir a partir de los dos años.
Claves para un buen cambio
Si el niño empieza a escalar y saltar fuera de la cuna, te está haciendo saber que ha llegado el momento del cambio.
Al principio es interesante limitar la zona de su cama mediante unas barreras de seguridad o un sistema acústico que te avise si sale de su habitación. Los primeros días visítalo con frecuencia para que no se sienta encerrado.
La cama debe ser segura y amplia, no muy alta y sin esquinas salientes. Colócala lejos de ventanas y enchufes.
Cuando decidas que tu hijo tiene que ir a la cama, hazlo de un día para otro y transmítele tu alegría porque ya es mayor y, por tanto, merecedor de dormir en una cama. Ese día puedes organizar «la fiesta de la cama», en la que todos celebraremos el cambio y lo comentaremos con familiares y amigos.
Le vendrá bien participar en el desmontaje de su antigua cuna y el montaje de su nueva cama.
Si el niño es muy inquieto, antes de pasarle definitivamente a la cama puedes colocar su colchón en el suelo sobre un aislante. Así evitarás el riesgo de caídas y la necesidad de colocar barreras protectoras.
Lo fundamental para que un niño duerma bien es que se sienta seguro, tanto física como psicológicamente, y esa seguridad, en gran medida, se la transmiten sus padres.
Evita celos y resentimiento
No es buena idea hacer el cambio porque nazca un hermanito o para que este herede su cuna. Esta decisión podría generarle resentimiento y celos. Es mejor trasladarle antes de que nazca el bebé o esperar, si la cuna sigue siendo segura, hasta que él mismo quiera dormir en una cama, igual que los mayores
Esperamos que les haya servido de ayuda.Nos vemos la próxima semana con más cosas..
Muchos besotes, y..¡¡Feliz Semana!!
domingo, 12 de enero de 2014
Cada uno a su ritmo...
¡¡Hola amigos!! ¿Cómo están? ¿Qué tal el comienzo de la semana? Esperamos que genial.Nosotros un martes más estamos con todos ustedes.Hoy es un tema para los más pequeños, que muchas veces a los padres preocupa, ¿Cuándo comenzará a caminar? ¿Cuándo dejará el pañal?.Aquí la respuesta, de mano de la propia experiencia y de un experto:
Comenzamos...
Cuando casi habíamos olvidado la obsesión por los percentiles, época en la que el bienestar de nuestro bebé parece que se mide por lo que pesa, de pronto nos damos cuenta de que las presiones no han hecho más que empezar: tiene que andar, tiene que hablar, que dejar el pañal...
La alimentación con un año
Respira. No es una carrera. Cada uno lleva su ritmo. Al final, si no hay un problema médico que requiera tratamiento específico, todos van a hablar, a andar, a ir al baño y, por supuesto, a sonarse los mocos, así que... ¿por qué apresurar las cosas y agobiarlos con nuestras expectativas? La infancia pasa tan rápido que es mejor darles y darnos tiempo para saborear cada paso sin ansiedad y sin prisa. ¿Es muy hábil para sonarse la naricita, pero no dice ni “mu”? Es el momento de respetar al niño como es. Cada uno tiene su mérito, su gracia, su ritmo, sus preferencias. En especial, la etapa entre los 12 y los 24 meses es una fase crucial en que los pequeños van a aprender muchas cosas y van a experimentar grandes cambios, queramos o no. Necesitan, además, dominar una etapa antes de empezar con la siguiente. Cada pequeño logro tiene un gran significado para el niño, sobre todo, si lo ha conseguido solo. “Nunca olvidaré la cara de satisfacción de Guzmán un día en un jardín, cuando empezó a ponerse de pie sin ayuda. Solo duraba unos segundos y se volvía a caer y lo volvía a intentar”, nos cuenta Laura. Del mismo modo, el niño gana confianza y su autoestima se fortalece cuando comprueba que sabe nombrar cada vez más objetos o cuando le dejamos la cuchara para que coma solo, aunque se manche.
Nuestro apoyo es fundamental
Y es que es una etapa clave en el desarrollo de su autonomía y su identidad. Por eso es un momento muy delicado, en el que la actuación del adulto marcará la diferencia entre que el niño se sienta orgulloso de sí mismo o frustrado e inútil. Volvamos al caso de la comida: ¿qué mensaje prefieres darle? ¿Que lo ha manchado todo y es un desastre? ¿O que estás muy contenta porque está aprendiendo a hacerlo como los mayores? Ten en cuenta que, como explica la pedagoga María Indiano, “el niño entiende las consecuencias de sus acciones mediante la experimentación y el método de ensayo-error”. La diferencia es esencial, si queremos que se sienta seguro de sus logros.
Sin prisa para quitarle el pañal
Conviene tener en cuenta que es fácil que lo que el pequeño quiere conseguir no esté todavía en consonancia con sus habilidades y que se sienta frustrado. Bastante se exigen ellos a sí mismos como para que los sobrecarguemos con nuestra propia ansiedad. Por ejemplo, hacia los dos años empiezan a sentirse incómodos con los pañales sucios y muestran interés por usar el orinal o el váter. Sin embargo, presionarle para que lo haga cuando no está preparado no haría más que empeorarlo. Por no hablar de regañarle si se hace pis encima... Quitarle el pañal antes de tiempo solo acarrea frustración, para el niño, para la madre y para la vecina que os invita a merendar y acaba con la alfombra mojada. Por suerte para la hija de Paula, fue como un juego. “Empecé a probar a llevarla sin pañal cuando vi que me pedía hacer pis y llevaba varias noches sin mojarlo. Pusimos el orinal en su alfombra, con sus juguetes, y le encantaba. Lo llamaba “la mariquita”, porque tenía lunares y carita. Enseguida empezó a sentarse sola, sin avisar, y venía orgullosa a llamarme cuando había hecho caca o pis”.
Sin embargo, la experiencia de Lourdes fue bastante diferente: “Alrededor de los 2 años, a Aarón siempre lo sacaba a la calle con pañal para evitar sorpresas. Al principio, él empezó a pedirme con insistencia hacer pis o caca, era muy escrupuloso y no le gustaba hacerlo en el pañal. Sin embargo, por comodidad mía o porque era más fácil así, yo le “obligaba” a hacerlo en el pañal, para acabar antes y no tener que buscar un sitio adecuado. Creo que ahí metí la pata porque luego, cuando me lo pidieron en la escuela infantil, me resultó muy difícil conseguir que fuera al baño y tardó bastante más que la mayoría de sus compañeros en independizarse del pañal. Me parece que no supe aprovechar su momento”, confiesa Lourdes. Y es que de eso se trata, de saber escuchar al pequeño y facilitarle su aprendizaje, respetando su proceso.
Sus primeras palabras
Esta etapa se caracteriza por el desarrollo de su psicomotricidad y sus habilidades sociales, incluido el lenguaje. Alrededor del año empiezan a dar sus primeros pasos y gatear, apunta el médico puericultor José Luis León Aguado, haciendo hincapié en que “empiezan”. “Tiene que andar cuando esté preparado”, insiste el experto. De la misma forma, cerca de los 2 años «empieza» a hablar, con bisílabos, frases fáciles. Y, entre medias, va comiendo solo, se mueve con coordinación, sube escalones, puede apilar cubos y bloques. También va perfeccionando sus habilidades sociales. Se relaciona con otros niños y usa el “no” con frecuencia, balbucea, pronuncia monosílabos, nombra e imita a las personas con las que convive.
Por tanto, el doctor León Aguado no ve necesaria la estimulación temprana; solo la recomienda “si se encuentra un motivo neurológico para el retraso”. ¿Cuándo deberíamos preocuparnos? “Si no sigue con la mirada o no interacciona, si no se mueve, ni nada con 12 meses, si no sonríe, si no mira cuando le hablas”, apunta el médico.
Fuente: Ser Padres.
Esperamos que les haya servido de ayuda.Les deseamos una muy feliz semana!! Hasta el próximo martes con más cosas :) Besotes y abrazos de oso
Comenzamos...
Cuando casi habíamos olvidado la obsesión por los percentiles, época en la que el bienestar de nuestro bebé parece que se mide por lo que pesa, de pronto nos damos cuenta de que las presiones no han hecho más que empezar: tiene que andar, tiene que hablar, que dejar el pañal...
La alimentación con un año
Respira. No es una carrera. Cada uno lleva su ritmo. Al final, si no hay un problema médico que requiera tratamiento específico, todos van a hablar, a andar, a ir al baño y, por supuesto, a sonarse los mocos, así que... ¿por qué apresurar las cosas y agobiarlos con nuestras expectativas? La infancia pasa tan rápido que es mejor darles y darnos tiempo para saborear cada paso sin ansiedad y sin prisa. ¿Es muy hábil para sonarse la naricita, pero no dice ni “mu”? Es el momento de respetar al niño como es. Cada uno tiene su mérito, su gracia, su ritmo, sus preferencias. En especial, la etapa entre los 12 y los 24 meses es una fase crucial en que los pequeños van a aprender muchas cosas y van a experimentar grandes cambios, queramos o no. Necesitan, además, dominar una etapa antes de empezar con la siguiente. Cada pequeño logro tiene un gran significado para el niño, sobre todo, si lo ha conseguido solo. “Nunca olvidaré la cara de satisfacción de Guzmán un día en un jardín, cuando empezó a ponerse de pie sin ayuda. Solo duraba unos segundos y se volvía a caer y lo volvía a intentar”, nos cuenta Laura. Del mismo modo, el niño gana confianza y su autoestima se fortalece cuando comprueba que sabe nombrar cada vez más objetos o cuando le dejamos la cuchara para que coma solo, aunque se manche.
Nuestro apoyo es fundamental
Y es que es una etapa clave en el desarrollo de su autonomía y su identidad. Por eso es un momento muy delicado, en el que la actuación del adulto marcará la diferencia entre que el niño se sienta orgulloso de sí mismo o frustrado e inútil. Volvamos al caso de la comida: ¿qué mensaje prefieres darle? ¿Que lo ha manchado todo y es un desastre? ¿O que estás muy contenta porque está aprendiendo a hacerlo como los mayores? Ten en cuenta que, como explica la pedagoga María Indiano, “el niño entiende las consecuencias de sus acciones mediante la experimentación y el método de ensayo-error”. La diferencia es esencial, si queremos que se sienta seguro de sus logros.
Sin prisa para quitarle el pañal
Conviene tener en cuenta que es fácil que lo que el pequeño quiere conseguir no esté todavía en consonancia con sus habilidades y que se sienta frustrado. Bastante se exigen ellos a sí mismos como para que los sobrecarguemos con nuestra propia ansiedad. Por ejemplo, hacia los dos años empiezan a sentirse incómodos con los pañales sucios y muestran interés por usar el orinal o el váter. Sin embargo, presionarle para que lo haga cuando no está preparado no haría más que empeorarlo. Por no hablar de regañarle si se hace pis encima... Quitarle el pañal antes de tiempo solo acarrea frustración, para el niño, para la madre y para la vecina que os invita a merendar y acaba con la alfombra mojada. Por suerte para la hija de Paula, fue como un juego. “Empecé a probar a llevarla sin pañal cuando vi que me pedía hacer pis y llevaba varias noches sin mojarlo. Pusimos el orinal en su alfombra, con sus juguetes, y le encantaba. Lo llamaba “la mariquita”, porque tenía lunares y carita. Enseguida empezó a sentarse sola, sin avisar, y venía orgullosa a llamarme cuando había hecho caca o pis”.
Sin embargo, la experiencia de Lourdes fue bastante diferente: “Alrededor de los 2 años, a Aarón siempre lo sacaba a la calle con pañal para evitar sorpresas. Al principio, él empezó a pedirme con insistencia hacer pis o caca, era muy escrupuloso y no le gustaba hacerlo en el pañal. Sin embargo, por comodidad mía o porque era más fácil así, yo le “obligaba” a hacerlo en el pañal, para acabar antes y no tener que buscar un sitio adecuado. Creo que ahí metí la pata porque luego, cuando me lo pidieron en la escuela infantil, me resultó muy difícil conseguir que fuera al baño y tardó bastante más que la mayoría de sus compañeros en independizarse del pañal. Me parece que no supe aprovechar su momento”, confiesa Lourdes. Y es que de eso se trata, de saber escuchar al pequeño y facilitarle su aprendizaje, respetando su proceso.
Sus primeras palabras
Esta etapa se caracteriza por el desarrollo de su psicomotricidad y sus habilidades sociales, incluido el lenguaje. Alrededor del año empiezan a dar sus primeros pasos y gatear, apunta el médico puericultor José Luis León Aguado, haciendo hincapié en que “empiezan”. “Tiene que andar cuando esté preparado”, insiste el experto. De la misma forma, cerca de los 2 años «empieza» a hablar, con bisílabos, frases fáciles. Y, entre medias, va comiendo solo, se mueve con coordinación, sube escalones, puede apilar cubos y bloques. También va perfeccionando sus habilidades sociales. Se relaciona con otros niños y usa el “no” con frecuencia, balbucea, pronuncia monosílabos, nombra e imita a las personas con las que convive.
Por tanto, el doctor León Aguado no ve necesaria la estimulación temprana; solo la recomienda “si se encuentra un motivo neurológico para el retraso”. ¿Cuándo deberíamos preocuparnos? “Si no sigue con la mirada o no interacciona, si no se mueve, ni nada con 12 meses, si no sonríe, si no mira cuando le hablas”, apunta el médico.
Fuente: Ser Padres.
Esperamos que les haya servido de ayuda.Les deseamos una muy feliz semana!! Hasta el próximo martes con más cosas :) Besotes y abrazos de oso
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